Consistency and Attention
Note: This blog isn’t meant to be written in English. It’s just my inner language when I’m reflecting.
Si miro mi pasado con cariño y observo mi presente con atención, hay muchas cosas de mi vida que me hacen sentir orgullosa. Agradezco cada etapa, cada situación. Really.
Por supuesto, siempre hay espacio para crecer. Para reconocer lo que pude haber hecho mejor, empujar con más intención y conocer nuevos límites. Pero el pasado no es algo que pueda cambiar. Lo único que sí puedo hacer con él es aprender.
Y en ese intento he pasado por mil ejercicios de autoanálisis: revisar objetivos, crear the wheel of my life, leer libros, ver tutoriales, aprender sobre productividad. En la práctica, todo eso me llevó a una conclusión bastante simple: amo ser ordenada, pero me cuesta ser consistente si mi cerebro no siente urgencia, presión o una especie de “emergencia” que lo obligue a actuar.
En el trabajo, por ejemplo, soy determinada y organizada. Cuando se trata de aprender, tengo etapas muy distintas. Momentos en los que me obsesiono porque todo está atado a un objetivo claro, y otros en los que aprendo solo por curiosidad, por gusto, sin ningún plan detrás. A veces van juntas. A veces por separado. Ambas me definen.
Pero cuando reviso mis objetivos de este año, aparece la fricción. Uno de ellos era escribir más. Y ahí es donde noto lo que faltó. Escribí en mi journal, en espacios privados, pero no fui consistente en este blog o en este proyecto. ¿Por qué? Honestly, no lo sé del todo.
Analizando con más calma, veo que la atención es algo que quiero trabajar desde hace tiempo, pero que me cuesta más de lo que esperaba. Se me van las horas de trabajo. Me cuesta madrugar para tener más tiempo para mí. Y muchas veces elijo, sin culpa ni arrepentimiento, a mi familia y a mis amigos por encima de estos espacios de empuje personal o profesional. Y está bien. Pero también es parte del conflicto. ¿Se entiende?
Entonces pienso en la consistencia. En qué podría ayudarme a cambiar este approach. Despertar más temprano, por ejemplo, es algo que deseo incorporar a mi rutina. Lo he intentado cientos de veces. Y, aun así, mi cerebro decide que el frío, el cansancio y mil excusas más pesan más que el cambio. Me quedo justo ahí, en el umbral de la comodidad.
¿Este blog va a algún lado? No necesariamente. No pretendo enseñar nada. Es solo autoanálisis. Notas sobre lo que voy descubriendo en el camino. Y aunque estoy agradecida con mi presente, hay una parte de mí que quiere empujar un poco más. Y cuando pienso en eso, siempre vuelven las mismas dos palabras: consistencia y atención.
Sigo con el objetivo de escribir acá cada dos semanas. Tengo algunos proyectos que quiero compartir.
¿Para el mundo? Honestly, no. Con que este espacio sea mi propio accountability partner, estoy más que satisfecha. Siento que mi necesidad de mostrar, de validar afuera, bajó muchísimo desde que solté las redes sociales y ese impulso constante de publicar y compartirlo todo.
A veces incluso pienso que, en esta era, la atención (estar realmente presente) es un acto de rebeldía. Ojo, no hablo de llamar la atención, sino de sostenerla. De mirar con intención. Prestar atención te da espacio. Te permite percibirte, responder a las preguntas de tu cabeza con calma, sin ruido. Pero también te abre hacia afuera. Te deja ver a otros, notar lo que pasa alrededor, coleccionar recuerdos pequeños mientras el resto está haciendo doomscrolling en el celular.
Así que este texto es un reminder. Aunque hace tres meses me prometí escribir más y no lo hice, siempre es buen momento para volver. Y, en mi caso, para trabajar conscientemente en dos cosas que atraviesan muchos de mis sueños y ambiciones: consistencia y atención.
Hoy vuelvo a escribir. Y por ahora, eso es suficiente.